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Niños y niñas: sujetos plenos de derechos

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El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde.” Gabriela Mistral.

En 1959 la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración Universal de los Derechos del Niño, y sugirió a todos los gobiernos que celebraran el “Día del niño”. En Chile se celebra cada segundo domingo del mes de agosto con la intención de rememorar que niños y niñas son seres humanos que nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

Treinta años más tarde, en 1990, Naciones Unidas aprobó la  Convención sobre los Derechos del Niño y de la Niña. Chile suscribió la Convención y la ratificó el 14 de agosto de 1989. Esta Convención se rige por cuatro principios fundamentales: la no discriminación, el interés superior del niño y de la niña, su supervivencia, desarrollo y protección, así como su participación en decisiones que les afecten.

Agosto es un mes entonces para recordar la relevancia y urgencia de promover, garantizar y generar condiciones para el pleno ejercicio de los derechos de niños y niñas; y recordarnos a los adultos y adultas la responsabilidad que nos cabe en la satisfacción de sus necesidades más importantes y en la generación de oportunidades para su desarrollo y bienestar.

En este mes emerge como una necesidad imperiosa, invitar a los/as adultos/as que crían, cuidan, educan y acompañan a niños y niñas en su desarrollo, a comprometerse a construir cotidianidades más amables y seguras que favorezcan los buenos tratos y su bienestar. Les invitamos a establecer relaciones e interacciones amorosas, respetuosas y cuidadoras que atiendan a las características y particularidades de cada niño y niña, y en donde la voz y opinión de cada uno/a tenga un lugar.

Todos estos desafíos cobran especial relevancia en estos tiempos de pandemia que han tensionado nuestra capacidad para cuidar(nos), criar y resolver conflictos de manera no violenta y amable. La vida diaria se ha complejizado, sin duda, mermando, muchas veces, el bienestar emocional, la estabilidad, la capacidad para escuchar(nos), entre otros aspectos. Por lo mismo, parece fundamental reconectar con la necesidad de que los/as adultos/as que cuidan se entiendan como garantes y que se visualice a niños y niñas como sujetos de derechos.

No obstante, el ejercicio de visualizar a los niños y niñas como un legítimo otro, es un ejercicio sumamente difícil pues formamos parte de una cultura que entiende que a los niños y niñas hay que mirarlos desde las necesidades del adulto/a. En este sentido, mirar legítimamente a los niños y niñas implica realizar un cambio mental y emocional profundo que nos permita reconocer sus particularidades y entenderles como sujetos únicos y diversos.

Pero cuando se habla de niños y niñas como sujetos de derechos, ¿en qué se piensa? Entenderse y entender a otros como sujetos, implica reconocer la existencia de un/a otro/a, diferente de mí, que tiene un origen, una historia, necesidades, características, percepciones y deseos propios. De este modo, un sujeto puede no compartir las mismas ideas y gustos, reaccionar y sentir de una manera distinta frente a una misma situación; un sujeto se expresa y se observa a partir de su singularidad. Esto, en el caso de niños y niñas podría expresarse, por ejemplo, en afirmaciones como: “no me gusta esa polera, prefiero esta; no quiero hacer eso, no me gusta…; quiero jugar ahora…”.

Lo que se hace – o se deja de hacer – al relacionarse con ellos y ellas es esencial para que esa noción de sujeto se instale y es a través del lenguaje, que es posible darle lugar a la singularidad de cada uno/a; esto inicia tempranamente al nombrar a ese niño o niña incluso antes de su nacimiento. Un poco después, los adultos/as podrán ir observando las conductas y reacciones de niños y niñas, sus maneras particulares de hacer y sentir, y podrán ir poniendo nombre a ello: “parece que hoy estás más triste que otros días, tal vez te está afectando…”, “¿será que hoy estás un poco molesto por esto…?”. Esta actitud de observación y escucha permanente, valida a los niños y niñas como seres únicos y le otorga sentido y lugar a cada una de sus (re)acciones y sentimientos (pena, alegría, frustración, ganas de…).

El proceso de crianza y cuidado se constituye, por lo tanto, en un permanente proceso de aprendizaje y descubrimiento de las habilidades y desafíos personales, y de ese otro – niño o niña –como un sujeto distinto, con una forma particular y única de ser y estar en el mundo. La clave de una crianza respetuosa y amorosa está en la capacidad que se tenga para atender a estas diferencias en un clima de buen trato y cariño, y de identificar las dificultades propias para pedir apoyo y compañía cuando sea necesario.

En este mes de agosto de los niños y  las niñas, les invitamos a reconocer esa forma única de ser y estar en el mundo, a jugar con ellos y ellas, a encontrar un tiempo de calidad para compartir y para escucharles; más que la cantidad, lo que los niños y niñas merecen son tiempos de calidad, momentos en los que seamos capaces genuinamente de “estar” con ellos y ellas. Sin duda, este será el mejor regalo que como sociedad podamos darles.

Fonoinfancia de Fundación Integra, es un servicio gratuito de atención psicológica no presencial, con cobertura nacional, que lleva 20 años acompañando a las familias en sus procesos de crianza y contribuyendo al bienestar y desarrollo integral de niños y niñas. Funciona de lunes a viernes de 8:30 a 19:00 horas en el chat de la web www.fonoinfancia.cl o llamando al 800 200 818.

Alicia Varela Hidalgo, Psicóloga, Jefa del Departamento de Promoción y Fonoinfancia.