Pérdidas y procesos de duelo en niños y niñas en el contexto del coronavirus

En el actual contexto de emergencia sanitaria, la vida de niños y niñas se ha visto afectada, no solo por su irrefutable vulnerabilidad ante la exposición al virus, sino principalmente por los preocupantes efectos físicos, emocionales y psicológicos que puede provocar el confinamiento prolongado.

En pocos días, su cotidianidad y rutinas cambiaron abruptamente, por lo que han debido afrontar pérdidas en diferentes ámbitos, pudiendo estar atravesando por distintos procesos de duelo. En el ámbito educacional, los establecimientos a los que asistían se encuentran cerrados y en consecuencia los procesos de aprendizaje se han visto interrumpidos. Sumado a esto, muchos han debido adaptarse a las nuevas estrategias de aprendizaje a distancia y enfrentar las dificultades tecnológicas que emergen en la cotidianidad del hogar. Asimismo sus referentes educacionales han cambiado, pues si bien los adultos a cargo de su cuidado pueden tener las mejores intenciones en acompañar este nuevo desafío, muchos de ellos no son profesionales expertos en educación.

En el ámbito familiar, y si sus padres se encuentran teletrabajando, los niños y niñas han debido aprender a convivir con las preocupaciones y exigencias del mundo laboral de los adultos, y han experimentado  la pérdida de espacios y tiempos que antes les eran propios. En otros casos, han sido testigos de la incertidumbre, malestar y angustia, junto al apremio económico, que provocan la cesantía de uno u ambos padres. Asimismo, en el ámbito familiar han tenido que afrontar la pérdida de contacto corporal con otros familiares significativos para ellas y ellos. Si bien las tecnologías pueden ayudarles a mantenerse conectados con otros,  es importante considerar que  el contacto físico y las expresiones de afecto, son fundamentales para el desarrollo integral de la niñez.

En el ámbito social, se han visto expuestos a la pérdida de vínculos y contacto con sus compañeros de clases y/o con sus vecinos, debido a la prohibición de jugar en lugares exteriores como plazas o parques. Lo anterior, puede estar coartando sus posibilidades de movimiento y de estimulación física, elementos relevantes para un desarrollo integral.

Todas estas situaciones y cambios en la cotidianidad pueden ser vividos por los niños y niñas como pérdidas significativas, generando en ellos y ellas sensaciones de pesar y desánimo que pueden observarse como cambios en sus conductas: alteraciones en el sueño, irritabilidad, momentos de silencio o ensimismamiento, desgano, aburrimiento, pataletas o cambios en la conducta alimentaria.

Por otra parte, y considerando que el número de fallecidos va en aumento, es probable que el tema de la muerte empiece a aparecer en el mundo interior de niños y niñas. Para esto es importante considerar que es durante el desarrollo que niños y niñas van construyendo la concepción y comprensión sobre la muerte, y que el entendimiento que tengan de ésta, dependerá de su edad y de la forma en que los adultos aborden y acompañen este tema.

Muchas veces los adultos creen que los niños no tienen la capacidad de entender situaciones complejas como la muerte y que, por lo tanto, al no comprender, no sentirán mayormente el impacto de estas pérdidas (una supuesta “insensibilidad” de niños y niñas); o, si llegan a experimentar alguna sensación de malestar, “lo olvidarán rápido”. Otra creencia muy difundida es suponer que los niños y niñas no tolerarán estas pérdidas, que éstas les generarán un dolor y un trauma insoportable, ante lo cual se prefiere ocultar o minimizar la realidad, intentando que las cosas parezcan tan normales como siempre. Ante estas creencias de los adultos, se corre el riesgo de que sean testigos de los acontecimientos que los rodean sin contar con un adulto sensible que dé una explicación o los provea de bienestar emocional. Resulta fundamental entonces que los adultos puedan ir acompañando los diversos procesos de duelo que niños y niñas pueden estar experimentando, para que así, y al momento de tener que hablar de la muerte, se esté más preparado para un tema que sin duda siempre es complejo.

Enfrentamos un escenario complejo que ha alterado nuestras vidas y rutinas, la forma en que nos relacionamos, trabajamos, nos divertimos y nos comunicamos. Estos cambios y la constante amenaza de un contagio con triste final, pueden ser vividos por los niños y niñas como pérdidas y experimentar, por lo tanto, sensaciones de duelo. Sin embargo, las reacciones que tengan ante estos cambios, dependerán del apoyo emocional que reciban de su entorno inmediato.

El rol de las figuras adultas significativas es fundamental para que los niños y niñas no sientan estos desajustes en su rutina como una pérdida insalvable. Los adultos actuarán como un modelo a partir del cual los niños y niñas aprenderán cómo comportarse y, por lo tanto, a adaptarse a esta nueva existencia. En este sentido, un factor clave es construir con ellos y ellas estos nuevos escenarios; su participación protagónica en la reorganización de los espacios, o en la ideación, planificación y programación de nuevas rutinas, así como contar con las explicaciones y respuestas que se necesiten, actuarán como elementos que contribuyen al cuidado y ayudarán a suavizar la sensación de pérdida y a vivir esta nueva realidad como una oportunidad para incorporar nuevos aprendizajes, fortalecer los vínculos afectivos y favorecer el desarrollo integral de niños y niñas

¡Porque siempre es con los niños y las niñas!

Carolina Diez Pastene, psicóloga, Supervisora Dpto. de Promoción y  Fonoinfancia

Alicia Varela Hidalgo, psicóloga, Jefa Dpto. de Promoción y Fonoinfancia

 

 

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